ras escuchar el pitido de la alfombrilla de control de chips en el Km.
10, tuve la certeza de que este año mi carrera en la Behobia sería un auténtico
fracaso. En mis dos participaciones anteriores nunca había llegado tan jodido
forzado a este punto después de coronar el Gaintxurizketa. Y todo por salirme
un pelín de mi estrategia y forzar demasiado en un vertiginoso descenso más
propio del Tour de Francia. Cuando cometes un error en cualquier carrera sueles
tener un margen de maniobra para minimizarlo. Tener un fallo de cálculo en la Behobia-San Sebastián
es como poner el cuello en una guillotina, y sólo te apercibirte de ello cuando
-zas- ha caído la cuchilla.

l viernes 7 de noviembre de 2014
preparé con entusiasmo mi trollery para volar desde Gran Canaria, junto a Aarón
Sánchez y Alberto Vega, hacia el aeropuerto de Bilbao y participar en la 50ª
Behobia-San Sebastián. No podíamos perdernos las Bodas de Oro de esta mítica e
inigualable carrera (se trataba de mi tercera participación consecutiva, y el año
pasado ya publiqué la crónica de la 49ª edición en el blog de
Aarón). Llevaba la maleta repleta de ilusión por
descubrir el nuevo trazado de la carrera (con sus 20 Kms. exactos), formar
parte de tan especial aniversario y comprobar mi actual estado de forma tras los
10K de la
LPA Night Run. También tratando de
coger una buena dosis de confianza para afrontar mi debut en la
Maratón Cabberty de Málaga el próximo 07/12/2014.
La primera sorpresa agradable se
produjo en el avión, en pleno vuelo hacia la generosa tierra vasca. Tropecé
inesperadamente con Manuel Santana Mendoza, primo de mi amiga MJ y buen
corredor de fondo, que venía con una expedición de 14 miembros de Gáldar para
participar en la Behobia
(entre ellos también estaba Gustavo, hermano de mi otra amiga Ruth). Al final
nos unimos a ellos para subir a una guagua privada que habían alquilado y que
nos llevó directamente a Donosti. Un puntazo.
l sábado fuimos a recoger el
dorsal en el estadio de Anoeta y la estupenda bolsa del corredor al homónimo velódromo.
Allí estuvimos charlando con Joan Terán, miembro fundador de mi actual equipo,
el
BC Team, que se encontraba apoyando el
proyecto “Run in Africa”. Fue él quien nos dio la gran noticia de que José
Carlos Hernández, el extraordinario atleta lanzaroteño, iba a participar en la
carrera y era uno de los favoritos para la victoria.
Por la noche tuvimos que cenar en un Telepizza porque la ciudad estaba
colapsada de runners hambrientos de pasta, y no había sitio en ningún
restaurante sin haber reservado previamente. Otra lección aprendida.
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Feria del corredor en el velódromo de Anoeta. Aarón Sánchez, Joan Terán y José Lobillo |
or fin el día de la carrera nos levantamos temprano y cogimos el tren
destino Irún. Tuve la suerte de charlar un rato con Martí, Francesc y Álex;
componentes del BC Team y que más tarde se marcarían un carrerón cada uno.
Un bus lanzadera nos acercó hasta
Behobia, junto al río Bidasoa. Tras caminar hacia los camiones-consigna y
entregar las mochilas, nos dirigimos hacia la salida, que este año se había
adelantado casi un kilómetro. En este momento se puso a llover. Todo el que
participa en la Behobia
pasa los días anteriores buceando en distintos partes meteorológicos para
predecir el futuro, y, en mi caso, ponerle velas al hombre del tiempo para que
no anunciase precipitaciones. En esta ocasión se preveía lluvia y viento a
niveles aceptables (en la edición 48ª corrimos bajo el diluvio universal y
vientos huracanados). Pero el aguacero sólo duró 10 minutos y pudimos disfrutar
de un calentamiento placentero.
Destacar que antes de la salida
se proyectó un emotivo vídeo con fotografías de Arantza Ezquerro, la joven
corredora que falleció el año pasado durante la carrera. Desde aquí también mi
sentido homenaje a su memoria. Y un diez al gran atleta Pedro Nimo por llevar
un dorsal con su nombre y su número.
arón y yo salíamos en la segunda
oleada, a las 10:01 horas, junto a otros 1500 participantes con dorsal morado
(el primer cajón era el amarillo, que iniciaba la prueba a las 10:00 a.m. con
500 élites y populares de alto nivel). Por detrás esperaban su turno 18
corrales más con 28000 corredores (los últimos saldrían una hora y media
después del primer pistoletazo de salida).
Km. 0-5. Cuenta atrás
del speaker…
Bost, lau, hiru, bi, bat…
Y allá que metimos la primera marcha. Desde el inicio me puse a rueda de Aarón,
pues habíamos planificado juntos la estrategia y yo no llevaba reloj GPS. La
idea era intentar acabar la carrera con una media de 3:55 minutos por kilómetro
En los primeros compases nos adelantó hasta el malo de la película que va en
muletas. Siempre ocurre lo mismo en todas partes: los que salen demasiado
fuerte al principio son carne de cañón para la parte final del recorrido, y
mucho más si se trata de la
Behobia. Pero lo malo es que molestan tratando de buscar
huecos e interrumpiendo tu trayectoria en su alocada progresión.
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Fotos del Diario Vasco y Canofotosport |
Ya en los
primeros instantes me di cuenta que había metido la pata -nunca mejor dicho- al
elegir las zapatillas. Utilicé mis voladoras más radicales, las Saucony Type A6
(apenas 147 grs.), pero como apenas tiene huella y el asfalto estaba empapado,
notaba la falta de agarre que me acompañaría en toda la carrera. A veces más
vale ser conservador. En el Km. 2 nos dimos cuenta que salimos un poco lentos,
a 4:07 más o menos, pero sabíamos que había mucho margen de mejora. Subimos a
Irún arropados por los ánimos de la gente, sin aumentar el ritmo para no
asfixiarnos, y ya en la bajada nos pusimos más vivos.
Km. 5-10. Pasamos el
kilómetro 5 en 19:36, lo cual significaba que ya habíamos alcanzado el ritmo
establecido. En el 6 comenzó la subida del Gaintxurizketa. A partir de este
momento Aarón (que se atragantó en un avituallamiento y lo pasó mal durante
unos segundos) y ya no dejamos de sobrepasar a cientos de competidores. Subimos
con una cadencia constante y coronamos la cima muy enteros, entre vítores del
público que se agolpaba en los márgenes; para a continuación lanzarnos en el
descenso. Las bajadas se me dan fatal y sufro mucho, los cambios de ritmo no
son mi fuerte y no los controlo, de modo que al ponerme a rueda de otro
corredor, no medí bien y me sacó de punto. Al minuto lo dejé marchar, pero el
daño ya estaba hecho. Respiraba con dificultad y tenía principio de flato en el
costado derecho.
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Comparación de perfiles: arriba la edición 49ª y abajo la 50ª |
Km. 10-11. Tras
escuchar el pitido de la alfombrilla de control de chips, comprendí que nunca
antes había ido tan mal en este punto kilométrico. A duras penas conseguía
seguir la estela de Aarón. Iba asfixiado. Y cuando pensaba que la carrera había
terminado para mí, recordé que me había sucedido algo parecido durante mi MMP
de media maratón, por lo que intenté relajar el diafragma y realizar
inspiraciones profundas.
Km.11-16. Entramos en
Errentería y la aglomeración de público era increíble.
Todo el pueblo estaba
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Foto de Canofotosport |
animando en las calles con un entusiasmo que ponía la piel de gallina. Esto es
lo que hace grande a la
Behobia-SS. Ha sido todo un acierto volver a incluirlo en el
recorrido. En ese punto noté que iba mejorando sensaciones, pero tampoco estaba
para tirar cohetes. No obstante seguíamos dando hachazos a diestro y siniestro,
adelantando sin parar a montones de dorsales morados y algún que otro amarillo
que salió un minuto antes que nosotros.
Si bajar es una tortura para mí, en
las subidas sí consigo disfrutar. La aparición del alto de Capuchinos en el
kilómetro 12,5 fue fundamental en mi carrera. La corta subida y los vítores de
la multitud que se congregaba estrechando la carretera, consiguió que me
recuperase del ahogo. El chute de moral y confianza hizo que aumentara la
velocidad en el descenso y darle el relevo a Aarón.
Km.16-20. En un
santiamén llegamos a los pies del alto de Miracruz, una cuesta de un kilómetro
que se hace interminable. Le digo a Aarón que a partir de ese momento había que
darlo todo. Sé por experiencia que los ánimos de la gente que abarrota ambos
lados de la calzada te llevan en volandas, así que intento subir fuerte y
buscar huecos, pues desde el Km. 6 vamos sobrepasando a todo quisque.
A mitad de cuesta animo a un corredor malagueño del club de Arroyo de la Miel y seguimos disfrutando
del apoyo incondicional de los espectadores. Una auténtica gozada el alto de Miracruz aunque eches el hígado por la
boca.
Nada más llegar a la cumbre
comienza una bajada de un kilómetro antes del llaneo a meta. Ahora que sí que
nos lanzamos sin frenos y a tumba abierta. Para lo que quedaba ya no nos
importaba morir con las botas puestas y llevar al tío del mazo a cuestas. En el
kilómetro 18 Aarón subió un punto la velocidad y yo intenté seguirle apretando
los dientes. En ese momento el sufrimiento ya dejaba paso a la agonía y todos
mis esfuerzos se concentraban en no desmoronarme a cada zancada y en soltar un
quejido lastimero de vez en cuando para aliviar el diafragma. El griterío y los
jaleos del público ya se volvían borrosos en mi vista periférica.
Al girar a la izquierda
afrontamos el precioso puente de Zurriola, ya apenas quedaba 1000 metros para
llegar, y yo ya era un tren del oeste sin carbón en las calderas. Aarón comenzó
a despegarse de mí con una facilidad pasmosa y ya sólo me concentré en no bajar
el ritmo. El resto de corredores parecía que iban a cámara lenta, que
estuvieran corriendo en la Luna,
lo cual significaba que estaban tanto o peor que yo..
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Puente de Zurriola |
Por fin enfilé la recta final y
esprinté todo lo que pude antes de explotar de felicidad al cruzar la meta.
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Con cara de estar haciéndome la cera en las ingles, pero "volando" a 3:30 por el puente de Zurriola (foto de Canofotosport) |
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Mi crono final fue de 1:17:38. No
me lo podía creer, había superado con creces mis mejores expectativas.
Aquello
significaba una media de 3:52 minutos por kilómetros. Aarón había entrado cinco
segundos antes y me esperaba para darnos un abrazo. Estaba eufórico por nuestra
actuación mientras trataba de recuperar el resuello.
Nos encaminamos por una larga
calle donde los voluntarios te quitaban el chip de la zapatilla, te colgaban la
medalla al cuello y te ofrecían bolsas con frutas, chocolate, agua, isotónica…
Tras recoger las mochilas del
guardarropa situado en la plaza Guipúzcoa, pasamos por otra carpa repleta de
comida de todo tipo y conseguimos entrar en menos de ocho minutos en un recinto
enorme donde estaban dando masajes. A mí me tocó María Luisa, una encantadora y
pizpireta donostiarra que ya llevaba 16 años de voluntaria y que poco después
debía entrar a trabajar en un restaurante, y que me regaló una estupenda
descarga de gemelos y unos estiramientos que me sentaron genial. ¡Muchas
gracias! La labor de los voluntarios en la Behobia tiene un valor incalculable para la
carrera.
Tras el masaje y antes de irnos a
la ducha, conseguimos enterarnos que el ganador de las Bodas de Oro de la Behobia… ¡¡¡Fue el canario
José Carlos Hernandez!!! Nos pusimos a dar botes como si hubiéramos ganado
nosotros. Menuda victoria para el corredor lanzaroteño; las islas afortunadas
deberían sentirse orgullosas de tremendo campeón y embajador del deporte
canario. Ojalá pueda repetir victoria en el Campeonato de España de Maratón que
también se disputará en unas semanas en Donosti.
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El bólido canario cruzando la meta en el Boulevard (foto de Joan Terán) |
omo conclusiones finales sólo
decir que la 50ª Behobia-San Sebastián ha vuelto a sobrepasar mis mejores
expectativas. Es una carrera incomparable. Después de tres años consecutivos
participando en ella me tiene absolutamente enamorado. Y encima este año la
climatología fue benévola con los corredores. Con buen tiempo se disfruta una
barbaridad; con mal tiempo se convierte en algo épico que queda en la
posteridad. No sé si volveré el año que viene, pero sí sé que mientras siga corriendo
regresaré para disputarla.
En mi opinión y por mi forma de
correr, el nuevo recorrido es incluso más duro que el anterior. Las continuas
subidas y bajadas me destrozan el ritmo. En el circuito antiguo, desde el Km.
12 al 16 ponía la velocidad crucero y aguantaba hasta el final. Ahora el alto
de Capuchinos, Pasaia y Herrera me rompieron los esquemas en cuanto a rodar en
llano. Supongo que muchos otros pensarán lo contrario porque tienen
características opuestas a las mías.
Tengo que aprender de mis errores
en esta carrera: la elección de las zapatillas y los cambios de ritmo. Nunca
sabré si hubiera mejorado la marca sin estos deslices, pero eso no quita mi
satisfacción por el resultado final.
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En el puente de Zurriola y al fondo el Kursaal (foto de Aarón Sánchez) |
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Selfie con el gran Shinichi Sasaki |
Hay muchas carreras por todos los rincones del mundo… Pero ninguna es la Behobia-San
Sebastián.